viernes, 16 de marzo de 2012

ARMILLA

Las ciudades invisibles de Italo Calvino
"Si Armilla es así por incompleta o por haber sido demolida, si hay detrás un
hechizo o sólo un capricho, lo ignoro. El hecho es que no tiene paredes, ni techos, ni
pavimentos: no tiene nada que la haga parecer una ciudad, excepto las cañerías del
agua, que suben verticales donde deberían estar las casas y se ramifican donde
deberían estar los pisos: una selva de caños que terminan en grifos, duchas, sifones,
rebosaderos. Contra el cielo blanquea algún lavabo o bañera u otro artefacto, como
frutos tardíos que han quedado colgados de las ramas. Se diría que los fontaneros
han terminado su trabajo y se han ido antes de que llegaran los albañiles; o bien que
sus instalaciones indestructibles han resistido a una catástrofe, terremoto o corrosión
de termitas.
Abandonada antes o después de haber sido habitada, no se puede decir que
Armilla esté desierta. A cualquier hora, alzando los ojos entre las cañerías, no es raro
entrever una o muchas mujeres jóvenes, espigadas, de no mucha estatura, que
retozan en las bañeras, se arquean bajo las duchas suspendidas sobre el vacío, hacen
abluciones, o se secan, o se perfuman, o se peinan los largos cabellos delante del
espejo. En el sol brillan los hilos de agua que se proyectan en abanico desde las
duchas, los chorros de los grifos, los surtidores, las salpicaduras, la espuma de las
esponjas.








No hay comentarios:

Publicar un comentario